¿Cómo se procede en Ciencia Curativa Germánica?

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Pensaba en como relatar este caso de la forma más didáctica posible tomando en cuenta no sólo los detalles clínicos, sino mas bien en hacer de esta experiencia lo más instructiva posible de tal forma que se pueda entender en un contexto global para los que no son profesionales de la salud lo entiendan y a la vez para que todos los terapeutas saquen algunas conclusiones y tengan material disponible en caso tuvieran un caso similar (aunque no está demás recordar que cada caso es particular a pesar de que los eventos fisiológicos importantes son comunes y aplican para la biología en general)
Me encontraba en la ciudad de La Paz, Bolivia, preparando un curso de CCG para finales del mes de setiembre.  Lo que más recuerdo esos días era el frio tan intenso, propio del altiplano boliviano. Sabía además que una de mis alumnas bolivianas (de un curso que dicté un año antes) estaba pasando por un agresivo proceso que estaba afectando su salud, lo supe por ella misma ya que tuvimos una conversación meses antes por Skype. Quedamos en que nos reuniríamos en Lima pues –supuestamente- se haría un chequeo en esa ciudad y al encontrarme residiendo ahí, tendríamos la oportunidad de conversar sobre el caso. Charo nunca llegó a la consulta pactada y aunque me preocupó un poco, estoy acostumbrado a este tipo de situación ya que es muy común que algunas personas, a pesar de haber tenido un acercamiento con la nueva medicina, sigan creyendo, por inercia, en algunos métodos que ofrece el sistema de salud convencional para casos como el cáncer.   Después supe que en realidad ella había sido intervenida quirúrgicamente para ver si se le podía extraer el estómago. Mi paciente en ese momento estaba haciendo lo correcto para las personas con sentido común pero sin conocimiento, ya que seguía los consejos de los médicos oncólogos especializados. En esa intervención, a pesar de que los pulmones, hígado e intestinos estaban bien, vieron que el tumor de 8 cms. (adenocarcinoma) que ocupaba buena parte del estómago, había hecho “metástasis” en epiplón y peritoneo.  Esas condiciones son consideradas en cirugía oncológica como “irreversibles”, por lo que decidieron no intervenir y dejar las cosas como estaban, en espera quizá de la defunción de la paciente. Eso fue en el mes de Abril.
Ambos sabíamos que estábamos cerca, pero Charo no se animaba a contactar conmigo; en esas circunstancias intervino el destino y nos juntó en una tienda por departamentos en el barrio de San Miguel en la zona sur de La Paz. Al inicio no la reconocí muy bien pues estaba mucho más delgada de como la recordaba. Había perdido 10 kilos en el lapso de una semana. Evidentemente la situación estaba empeorando y había que hacer algo. Quedamos en juntarnos en dos días, con su familia, ya que esta situación generaba todo un problema en el clan y de hecho, si no hubiese sido así (que su clan se ocupe de uno de sus componentes, en estecaso, de ella)  la etapa de sanación hubiese sido muy difícil de superar.
Lo que tiene que entender todo terapeuta de la CCG es que las cosas se vuelven más fáciles si el grupo familiar colabora. Eso es fundamental porque no sólo hablamos de organización individual manifestada a través de millones de años de evolución en la forma de un organismo (organismo viene de “organización” que para ambos casos quiere decir que somos un “sistema”) sino también, de la agrupación en manadas o como es en el caso de nosotros los seres humanos, en “familias”. El no respetar esta regla nos hace candidatos seguros a sufrir un conflicto de “abandono” –o refugiado- con las subyacentes consecuencias. En plena era de la epigenética  esto adquiere importante relevancia, pues  se está demostrando en lo infinitamente pequeño que el medio externo juega un rol fundamental a la hora de entender este tipo de “organización”. Acordamos una reunión con la familia en el consultorio de mi amiga la licenciada en psicología Guisella Chain. La reunión fue algo caótica pues los hermanos  y el padre no entendían la propuesta y  el tipo de intervención que proponía: “procederemos como en el hospital pero sin las prácticas médicas que en lugar de ayudar al paciente lo hunden cada vez más” les decía… no sé si les parecía de locos escuchar cosas como “esta es la medicina que se hará en 40 o 50 años” o que “el cuerpo no necesita de quimioterapia para recuperarse, ni de intervenciones quirúrgicas” o peor aún, que sin ser yo médico de facultad manejaría la situación como tal y que todo el proceso estaría a mi cargo.  Acordamos que la intervención y los cuidados se harían en “casa” ya que la posibilidad de realizar el proceso en un hospital o clínica era menos que imposible y en ese sentido, tendríamos que contratar a una profesional de la salud especializada.  A mi favor tenía que Charo, ya estaba siendo tratada con cuidados paliativos y según los médicos, tenía pocos días de vida, y la posibilidad de dos meses más si es que le daban quimioterapia. Este detalle puede ser en realidad un arma de doble filo, pero yo partí de ahí pues esta familia no tenía a quien más recurrir y aparentemente las posibilidades de éxito en esa coyuntura, no debían generarme presión, cosa que no es así ya que todo terapeuta sabe que se crea un lazo muy fuerte con el paciente y aunque el mismo muera de manera inevitable, eso supone un agudo trauma emocional en caso el paciente no resista el programa biológico.
Los terapeutas de la CCG estamos capacitados para abordar a todo nivel, sin embargo hay diferencias: Un psicólogo no puede prescribir medicación alguna por lo que necesita del apoyo de un médico, y a la vez un médico no entiende mucho de la parte psicológica por lo que tiene que solicitar el apoyo de alguien que maneje esa situación con cuidado, un psicólogo o psiquiatra. Un naturópata  o un terapeuta de cualquier disciplina requerirá de los servicios de ambos y todos además, requerirán de alguien que maneje muy bien la parte espiritual  ( el alma) por que en la CCG se trabaja a tres niveles y en estos casos, se requiere de cualquier profesional (reciclado y con un amplio entendimiento de la CCG) con un vasto conocimiento de estas disciplinas. Quiero resaltar aquí lo fundamental e importantes que supone la parte espiritual; este aspecto siempre fue de vital importancia para el Dr. Hamer. En lo particular pensé en mi absurda ignorancia que era irrelevante que Geerd utilizase en sus presentaciones científicas el grado de “magister en teología” pero después lo entendí y sigo profundizando en ello y desde lo más simple, por ejemplo, la parte terapéutica, las creencias en personas adultas juegan un rol clave y es ahí donde empieza la sanación.
El cuadro en este caso había sido originado por constantes recaídas en un conflicto de bocado que había generado un enorme adenocarcinoma en la curvatura mayor del estómago y que además,  comprometía el paso de los alimentos por el duodeno, que también estaba siendo comprometido por una neoplasia producto de constantes recaídas en un conflicto de contrariedad indigesta.
Lo interesante aquí es que los primeras manifestaciones del programa las había notado mi paciente a comienzos del año 2017, sin embargo, el evento clave que había desencadenado la vagotonía ocurrió unos 20 días antes, en setiembre de este año.  Eso fue la solución total del conflicto. No me costó trabajo darme cuenta de ello y eso para mi era fantástico pues no había que hacer un esfuerzo por ayudar a resolver el conflicto, sólo acompañar y asegurarme que no haya algún tipo de recaída. Charo entendió muy bien esto y desde ese momento comprendió  lo importante que era evitar todo tipo de situación que recordase el conflicto principal.
La “epicrisis” es una condición sintomatológica muy conocida en medicina ancestral; el mérito del Dr. Hamer fue no solo identificarla sino además estudiarla a fondo. Existen factores que tienen que ser tomados en cuenta para saber en qué momento llega la epicrisis;  por lo común esta llega de la primera a la sexta semana luego de resolverse el conflicto. Es preciso aquí saber el día y la hora exacta de la solución del conflicto, así como algunos síntomas neurovegetativos puntuales (latidos cardiacos, presión arterial, nivel de glucosa, Etc.). Calculando la masa conflictual además podemos tener una idea de que tan intensa puede ser para tomar las previsiones del momento. Para el caso de mi paciente, sólo había que acompañarla e informarle que la hematemesis y las melenas eran parte de la misma. Explicando ello se puede evitar decididamente un conflicto de miedo al futuro o lo que es peor, un conflicto de pánico a la muerte o uno de abandono. El problema con la simpaticotonía por este o cualquier programa biológico en este estadío es que genera lo que se conoce con el nombre de “enmascaramiento” de la epicrisis y en tanto no se disponga de un equipo de tomografía, confunde al encargado ya que no le permite determinar con precisión qué cosa es epicrisis y la duración de la misma.
Quiero hacer mención sobre un tema esencial dentro del proceso de sanación y que todo terapeuta tiene que tomar en cuenta, en caso tenga que solventar un cuadro de estas características: L@s oncólog@s consideran los síntomas descritos anteriormente (hematemesis, hemoptisis o hematoquecia) como el “estadio final” del cáncer, y eso, desde la CCG se visualiza de otra forma. Esto simplemente corresponde a la etapa de “epicrisis” pues de hecho, el adenocarcinoma estando ya en necrosis caseosa (con ayuda de las micobacterias), y durante esta parte del programa biológico, en gran medida, es eliminado para restituir en un buen porcentaje la función del órgano. Los dolores son muy intensos debido a las contracciones de la musculatura lisa y en tanto no haya un sbs de túbulos colectores, el paciente está en capacidad de resistir. El problema aquí es que a estos pacientes se les administra morfina y eso genera una complicación que a toda costa, el conocedor de la CCG tiene que evitar: La parálisis de la musculatura lisa del intestino. Esto es verdaderamente peligroso y una vez que el paciente cae en el círculo vicioso del uso de la morfina, difícilmente sale de ahí por cuanto el cuerpo pide más y más este opiáceo. Finalmente el paciente sucumbe en este estadio no por el proceso en si –que no negamos que es de cuidado- sino por la incapacidad de seguir luchando por su vida, producto de la inanición.
El Dr. Hamer habla claramente sobre “las técnicas avanzadas en medicina intensiva” y esto es algo que tiene que ser tomado en cuenta en el proceso de sanación, para hacerle la vida más fácil al paciente, y con ello en absoluto hacemos daño alguno, sino más bien contribuimos en el restablecimiento de su salud. Sin embargo esto no es lo más importante porque así se intervenga de múltiples formas, el paciente tiene que salir adelante con armas que no son otra cosa que voluntad y el ferviente deseo de vivir.
Aquí tengo que hacer mención a  mi colaborador médico, el internista cubano Omar Villamil, médico con más de 40 años de experiencia en sala de urgencias.  Lo que me llamó la atención de este médico es que era plenamente consciente de las falencias de los protocolos médicos al no tomar en cuenta que cada persona es un ser único e independiente y no se lo puede catalogar como un vehículo o una máquina. Evidentemente era claro que este médico, con ese planteamiento y esa filosofía de abordaje, evitaba la “iatrogenia”.
Mi paciente, por error –y sin mi consentimiento y además porque me ausenté día y medio- siguió los consejos de la doctora de cuidados paliativos a la que estaba asignada, y le dio tres dosis de morfina en ese lapso de tiempo. Cuando volví me di con la ingrata sorpresa de que el dolor estaba aumentando y estaba colocando a esta persona en una situación sumamente crítica. Con Omar calculamos que los efectos de la morfina durarían aproximadamente tres días, por lo que se intervino aplicando en la venoclisis que por orden mía tenía instalada en la vena cava superior, tres dosis diarias de un relajante muscular, un analgésico y complejo b. Aparte, por vía oral estuvo ingiriendo bicarbonato de sodio y de cuando en cuando una dosis –de rescate- de metamizol, o viadil. Asimismo usamos el aceite de canabis cada 8 horas. Esta combinación surtió efecto los dos primeros días, mas no en el tercero. Probamos con “ketorolaco” por vía sublingual, aunque este fuerte medicamento no podía ser usado por varios días porque de hecho, el mismo si detenía el proceso y lo que necesitábamos era salir cuanto antes de la epicrisis y entrar de lleno en la segunda curva vagotónica. Aquí surgió la maestría del Dr. Omar y me recomendó la aplicación de 20 gotas por minuto de dextrosa y en la misma agregar dos ampollas de metamizol  -analgésico- y dos más de buscapina –relajante muscular-. Dejábamos entonces  la dosis de cada 8 horas para darle, de manera permanente y con el goteo, la analgesia que la paciente necesitaba. Después de algunas horas, por fin, se sentía mucho mejor. Fueron tres días de dolor intenso para mi paciente pero gracias a la experiencia de Omar, el dolor se hizo más tolerable y Charo pudo solventar con éxito la epicrisis.
Me resultó grato y digno de resaltar, el trabajo en equipo de toda la familia. La enfermera que ellos contrataron dejó buenas instrucciones y explicó la conexión de las vías para la nutrición parenteral, suero y analgesia. El tener instalada la venoclisis en la vena cava superior desde todo punto era además lo más acertado ya que algunos pacientes, durante la simpaticotonía de la epicrisis, y por la vasoconstricción, pueden presentar problemas de infiltración de un catéter instalado en el brazo o la muñeca. Todos hicieron un gran trabajo, incluidos los padres de la señora, personas con más de 80 años ambos. La mamá de Charo estuvo permanentemente acompañándome pues además era enfermera y tenía experiencia en el tema. Como son situaciones sumamente estresantes y desbordantes para los padres, tuve que hablar permanentemente con ellos pero sobre todo con la octogenaria mujer, porque sabía la dura prueba que estaba atravesando. Es por ello, luego de 9 días de estar con esta familia, conviviendo como uno más, habiendo cedido tremendamente los dolores y empezando ya el proceso de recuperación, la primera persona en recibir la buena noticia, naturalmente, tenía que ser la señora Raquel (así se llamaba):
Raquel, tu hija ya se salvó, superó la epicrisis con éxito, le dije. Realmente me costaba decirlo porque muy en el fondo a mí mismo me resultaba difícil de creer, pero confío plenamente en la CCG por lo científica, acertada y efectiva que ha demostrado ser, en todos los años visualizando un sinnúmero de patologías.
Repasé introspectivamente en milésimas de segundo esta afirmación y le repetí, esta vez con seguridad absoluta y mirándola a los ojos, que su hija no moriría, al menos no por el momento o en este año o quizá en los próximos años. La señora no podía creerlo y no era para menos; después de los pronósticos adversos, los viajes, las fuertes sumas de dinero desembolsadas en cirugías y en estúpidos tratamientos carentes de valor e inobjetablemente mercantilistas, nosotros, con un costo ínfimo y con la ayuda de un equipo de personas pero sobre todo, con ayuda de la MADRE NATURALEZA, se veía la luz que iluminaba una realidad. No lo creyó aun después de varios días incluso. Luego de haber vuelto a mi patria el Perú me enteré que la señora estaba descansando por un fuerte dolor en la espalda y cadera, para lo cual me pedían asesoramiento;  entonces sonreí, pensé para mi mismo y luego dije:  AHORA SÍ ME CREYÓ.
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